jueves, 31 de julio de 2008

Soy Chicho Cabezas, demócrata

Nacimiento: Nací una fría mañana de abril; bueno, eso me contaron porque –la verdad— yo no lo sentí. Lo que sí estoy seguro es que nací en un país de valles, montañas y llanos, aunque no lo crean.

Edad: 21 años y algo más, aún no termino de contar los segundos.

Origen: Porque a mis padres los dejaron quererse en democracia, deduzco que en parte soy pariente muy cercano de ella.

Ocupación: ¡Uhhh! Miles de cosas y tantas todavía por hacer. Pero en este momento me preocupa más ser útil.

Soy de allí y de acá, de arriba y de abajo, del sur y del norte, del este y del oeste también… No quiero ser cursi, pero soy de esta Bolivia que todos queremos, donde no hay un punto preciso ni definitivo, donde no importa si las distancias son cortas o lejanas… ¡Sí, soy de aquí, mi amigo, mi hermano, mi cumpa! Soy de donde también eres vos. Soy boliviano, bien boliviano… siempre.

Mi perfil no es bueno, a menos que me miren a tres cuartos, casi de frente y de costado. Sin embargo, siempre voy de frente, sin parar ni retroceder, aunque suelo dar un paso al costado, con tal de ceder la vía a los demás, que también sueñan como yo… Es mi naturaleza ir adelante, a pesar de todo y sin pisar a nadie por simple competencia.

Soy tan normal como ustedes, que lo único anormal que me encuentran es mi pasión por la política. Que piensen eso de mi lo asumo con mucho respeto. Pero –insisto— esa política desahuciada, sin arte ni parte, y detestada, espera que alguien la tome y la haga suya al servicio de los demás, sin trampas ni demagogias, sin discursos ni prebendas, sin caudillos ni masas inconscientes.

¿Sueño demasiado? Claro que no, aunque a veces no recuerdo mis sueños; dicen por ahí que sólo recordamos nuestros sueños a la primera hora de despertarnos (eso explicaría por qué no recuerdo todos). Si te sumas a mis sueños y juntos contagiamos esto a miles de nosotros los jóvenes, no habré soñado en vano. Soy tan plural como miles de lenguas y ritmos, desde cuecas hasta hip hop; libre como las palabras, tolerante con los que disienten conmigo, igual como los distintos en su rollo y solidario a diario.

Soy eso, aunque aparente diferente debajo del gel de mi cabello, los pircings de mi oreja, el movimiento de mis piernas que enloquecen con el fútbol o el regueae, o mis pantalones desgastados a la cadera. Mi identidad es también tuya, soy de la democracia y la quiero a ella.

Soy Chicho Cabezas

Que no nos raleen

He estado recorriendo las calles de la ciudad… Encuentro a muchos cuates en su rollo, unos escuchando música, otros laburando y algunos yendo a pata a la U o a otras partes, con su iPod o mp3 al oído, depende de la plata que tengan, o en grupo riéndose de las jodas que nunca faltan.

Me pregunto si es cierto que están en su mundo. Uno de ellos me para en el camino y charlamos un cacho. Le sigo la corriente, hablamos de todo, desde ñatas hasta del revocatorio. ¡Increíble! Aunque parezca raro o ñoño, también nos interesa la política, a unos menos y a otros más. Depende. ¿Y por qué no tendríamos que hablar por una cuestión que es de todos los bolivianos?

Es que es una vaina, no nos tiran pelota, y hasta parece que hacer algo por el país desde la política es sólo asunto de los viejos, de los q’atus. Pero ellos tuvieron su momento, nosotros también podemos hacer algo, hasta podemos lanzarnos a buscar soluciones para el país.

Mi amigo Beto –este chango anda metido de dirigente de la U— recuerda que una vez le ralearon de una reunión diciendo que es un feto en asuntos de la sociedad. Nada que ver; nosotros también vivimos en carne propia los problemas. ¿O acaso la situación sólo afecta a unos cuantos?

A ver, ¿y ustedes qué dicen? ¿Nos tiran pelota las autoridades cuando hay que hacer algo por nuestra sociedad? ¿Somos capaces para contribuir a la solución de los problemas? ¿Tenemos ideas e iniciativas para vivir en una mejor democracia? Ayúdenme a demostrar que no soy el único “loco” que comenta sobre la participación de los jóvenes en política, métanle sus comentarios.

Debemos servir para algo, ¿nove?